sábado, 30 de agosto de 2014

Materiales y Equipamiento I: El Aireador

Durante las siguientes entradas voy a ir detallando uno por uno el equipamiento necesario para poner en marcha un acuario.


 En el medio confinado de un acuario, las condiciones físico-químicas están sometidas a continuos cambios: los peces se alimentan, respiran y producen secreciones que modifican la composición del agua; los vegetales, debido a la fotosíntesis, también absorben y expulsan numerosas sustancias. Por todo ello, y atendiendo al bienestar de la fauna y flora del acuario, hay que recurrir a un equipamiento mínimo que permita mantener el ambiente en las condiciones de salubridad deseadas y que aseguren la aireación, la filtración y la circulación del agua, la climatización y la iluminación.


 Los organismos vivos, ya pertenezcan al reino animal o al vegetal, realizan la respiración tomando el oxígeno disuelto en el agua. En el medio natural, los intercambios gaseosos se efectúan sin ninguna dificultad, ya que la superficie del agua en contacto con el aire es relativamente extensa.
Piedra difusora
Además, en los lagos, los mares y los océanos, el movimiento de las olas y el viento asegura la penetración del aire en las capas superficiales del agua. Sin embargo, en un acuario, donde la superficie de agua en contacto con el aire es reducida, es indispensable forzar la aireación, especialmente si el acuario está dénsamente poblado para asegurar el buen desarrollo de los procesos vitales y el mantenimiento del equilibrio biológico del medio. No hay que olvidar que la solubilidad del oxígeno es función de la temperatura, la salinidad y la presión atmosférica, y que debe regularse en consecuencia. Así, disminuye sensiblemente al subir la temperatura y la salinidad. Las aguas marinas tropicales están sobreoxigenadas debido a la intensa síntesis clorofílica y la importancia de los intercambios gaseosos. En las cálidas aguas de los arrecifes coralino, la cantidad de oxígeno disuelto sobrepasa a menudo los 15 mg/litros. En un acuario, sin embargo, la solubilidad del oxígeno es de 10 mg/litros a 15 grados centígrado en un tanque de agua dulce, y sólo 8 mg/litros en agua de mar. Por otro lado, pueden perderse entre 1 y 2 mg/litros durante la bajada de presión atmosférica que precede a una tormenta. Durante la noche, la gran cantidad de dióxido de carbono que desprenden las plantas disminuye también la proporción de oxígeno disuelto. En un acuario no aireado, el contenido en oxígeno es inferior por la mañana al contenido medido durante el día, y es que durante la noche, las plantas acuáticas y otros organismos vegetales (algas) dejan de producir oxígeno y empiezan a tomarlo para respirar.

La aireación se efectúa por medio de una bomba conectada a uno o varios difusores.
Interior de un aireador
 Las bombas de aireación utilizadas por numerosos aficionados funcionan mediante unos pequeños compresores que sólo consumen unos pocos vatios por hora, con una gama de potencias que oscilan entre 3 y más de 30 vatios. Estas bombas poseen una membrana que vibra según la frecuencia de los impulsos de la corriente alterna. Su producción de aire puede alcanzar varios cientos de litros por hora.
La bomba de aire es un accesorio vital para los peces, ya que no sólo procura la oxigenación del agua, sin que asegura, por medio del difusor, una agitación de las capas frías y calientes del acuario. Sólo hay que concederle unos pocos minutos de atención cada tres o cuatro meses.
Los difusores de aire están hechos de una materia porosa: piedra, cerámica, madera o tubo de plástico microperforada. Cuanto mayor sea la profundidad a la que está sumergido, mayor tendrá que ser la presión de aire.

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